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¿Pagamos más impuestos los autónomos que los asalariados?

Es una buena pregunta y sobre la cual surgen constantemente debates que le dan vueltas al tema. Si directamente entramos a hablar de fiscalidad reflejada en números podriamos decir lo siguiente:

Tipos de impuestos del autónomo

El trabajador por cuenta propia hace frente a tres tipos de impuestos:

  • La cuota de la Seguridad Social. Gracias a él el autónomo se asegura una serie de coberturas como la sanidad o la incapacitación temporal o prestaciones futuras como la jubilación. Podemos hablar de esta partiendo de un importe de cuota mínima de 267,03 €, pudiendo ser mayor en función de la elegida de la elegida por el trabajador. Este impuesto puede deducirse para el cálculo del IRPF. Pese a ello, el gran problema se encuentra en que es una cuota muy alta y no progresiva en función de los ingresos del autónomo, algo muy negativo cuando no sabes a ciencia cierta cuáles van a ser estos.
  • El IRPF. Se trata de un impuesto que aumenta de forma progresiva en función de los beneficios generados, algo que funciona por igual en autónomos y asalariados.
  • IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido). El trabajador por cuenta propia funciona como un “recaudador” para Hacienda, y repercute sobre el cliente final y debe presentarlo trimestral y anualmente. Este debe reflejarse de forma desglosada en cada factura. Aunque no se trata de un impuesto real para el autónomo, la mayoría suele quejarse de que aumenta considerablemente el importe del producto o servicio gravado dependiendo siempre de cuál sea este.

Impuestos del trabajador por cuenta ajena

Estos aparecen desglosados en su nómina:

  • Formación y desempleo. Es deducible del IRPF, y en porcentajes se trata del 1,65% del salario bruto, 1,55% por desempleo y 01% en concepto de formación profesional
  • Contingencias comunes. Se descuenta un 4,7% cada mes del total bruto de la nómina. La empresa o empresario contratante actúa como recaudadora de un importe destinado a la cobertura de sanidad, bajas laborales y jubilación.
  • IRPF. Funciona de la misma forma que para el autónomo, gravando la renta generada por la persona física, aunque en el asalariado este se retiene cada mes por adelantado en su nómina, y se ajusta de manera anueal en la Declaración de la Renta.

Lo que ocurre es que, a pesar de que si hacemos cálculos con estos porcentajes, puede parecer que un autónomo paga menos impuestos, pero la realidad es que no hemos tenido en cuenta la parte de estos porcentajes que asume la empresa contratante, la cual sería la siguiente:

  • Prestaciones a la Seguridad Social:

– Contingencias comunes: 23,8% del salario bruto.

– Desempleo: 5,5%.

– Fondo de Garantía Social: 0,2%.

– Fines formativos: 0,6%.

Por todo ello podemos decir que en cuestión de impuestos, el asalariado paga más, aunque asume menos de forma directa, que es el caso contrario al trabajador por cuenta propia.

Si bien es cierto, son situaciones muy diferentes, ya que el autónomo siempre se encuentra en una situación de incertidumbre constante en cuanto a lo que sus ingresos mensuales se refiere, lo cual lo lleva, por ejemplo, como vemos reflejado en cuestiones como el alta en el RETA, donde la tendencia general es que todos elijan darse de alta por la base mínima de cotización. Esto influye directamente sobre la jubilación que recibirá será más baja, un acceso a prestación por desempleo poco accesible y una menor protección en caso de baja temporal, entre otras.

Por ello algo importante a conseguir para equiparar la situación sería:

  • Que el importe de cuota del RETA sea un tanto por ciento del nivel de ingresos en lugar de una cuota fija mínima.
  • Muchos están a favor de ajustar el régimen de autónomo, adaptando modelos que permitan desarrollarlo sin coste en cuanto a Seguridad Social para ingresos mínimos, como complemento del trabajo como asalariado o como forma de ingreso extra.

Desde Openges queremos saber tu opinión ¿qué piensas sobre el tema?